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Malas noticias para los que siempre tienen la nariz fría

PorDaniela Costa

Dic 7, 2022

Investigadores estadounidenses descubren la razón por la que enfermamos más en los meses fríos. Y no es tan obvio como podría pensarse.

Misterio resuelto. Según científicos del Mass Eye and Ear Hospital y la Northeastern University de Estados Unidos, existe una razón biológica por la que la gente enferma con más facilidad durante el otoño y el invierno. Según un estudio publicado en la revista científica The Journal of Allergy and Clinical Immunology, el aire frío daña la respuesta inmunitaria de las células de la nariz, lo que debería impedir la replicación de los virus y bacterias que entran por las fosas nasales.

«Se pensaba que la temporada de resfriados y gripe se producía en los meses más fríos porque la gente permanecía más tiempo en casa, donde los virus transmitidos por el aire podían propagarse con más facilidad», explica Benjamin S. Bleier, investigador del Mass Eye and Ear y uno de los autores del estudio, en un comunicado. Sin embargo, el estudio apunta a «una causa biológica para la variación estacional de las infecciones víricas de las vías respiratorias altas que observamos cada año».

Para comprender la respuesta del sistema inmunitario, los científicos analizaron células y muestras de tejido tomadas de la nariz expuesta a tres amenazas: un tipo de coronavirus y dos rinovirus (responsables de resfriados y ataques de asma). Esta exposición se repitió a numerosas temperaturas.

Las células, que finalmente se infectarían, se expusieron a una temperatura de 4,4 °C durante 15 minutos. La cantidad de vesículas extracelulares (partículas formadas por una capa lipídica y emitidas por la mayoría de las células vivas) secretadas por las células nasales disminuyó casi un 42% y las proteínas antivirales fueron menos eficaces.

Los investigadores explican que bajar la temperatura interna de la nariz hasta 5 °C, como ocurre cuando salimos de casa en un día frío, puede acabar con casi el 50% de esta respuesta inmunitaria. Según esta lógica, un pequeño descenso de la temperatura bastaría para comprometer la mitad de la inmunidad de un individuo.