Atentado contra Juárez en Guadalajara

Entre el 14 de febrero y el 20 de marzo de 1858 Benito Juárez convirtió en Palacio Nacional la sede del Gobierno de Jalisco, lugar donde vivió una serie de traiciones e intentos de asesinato de los que salió bien librado

Cruz Antonio Aguilar

Entre el 14 de febrero y el 20 de marzo de 1858, el presidente Benito Juárez permaneció en Guadalajara, convirtiendo en Palacio Nacional a la sede del gobierno estatal.

Su estancia fue tranquila, conviviendo con la población; acostumbraba ir a los baños del Agua Azul y caminar sin escolta por el centro de la ciudad. Hasta que una derrota del ejército liberal en Salamanca dio lugar para que el párroco Rafael Tovar convenciera al coronel Antonio Landa, jefe del batallón que cubría las guardias del Palacio de Gobierno, para que se pronunciara contra Juárez y a favor del Plan de Tacubaya y contra la Constitución de 1857.

El 13 de marzo, Landa y el batallón insurrecto toman el Palacio de Gobierno al grito de ¡Viva el Plan de Tacubaya! Irrumpen violentamente en la oficina en que Juárez despachaba junto con sus ministros y fueron capturados. Landa presionó a Juárez para que firmara un cese al fuego de parte de sus fuerzas liberales, a lo que el Presidente se negó.

Estando por llegar el ejército liberal del General Parrodi, Landa se ve obligado a negociar, se dicta una tregua, pero no se avisa a un joven valiente, Cruz Ahedo, que se enfrenta con 30 hombres al batallón de Landa, son rechazados por la artillería que desde la azotea del palacio se protegían.

Filomeno Bravo, de los conservadores insurrectos, junto a 20 guardias, entran a la oficina donde están Juárez y sus ministros, dando la orden de preparar sus fusiles contra los prisioneros.

Pero antes de la orden de disparar, surge Guillermo Prieto, que se interpone y con elocuencia y potente voz impide que se dispare: “Levantad esas armas, los valientes no asesinan”. Afortunadamente Juárez y sus ministros se salvan de morir ante tan cobarde atentado.

El gobernador de Jalisco, Jesús Camarena, le propone a Landa un acuerdo de que liberen al presidente Juárez, y ante la cercanía del ejército liberal y la falta de apoyo de la población hacia Landa, éste acepta, recibiendo facilidades para salir de Guadalajara y 8 mil pesos.

Los traidores conservadores dejaron vandalizado el Palacio de Gobierno con todos los vidrios destrozados, quemaron libros y ejemplares de la Constitución de 1857.

Al ser liberados, Juárez y sus ministros parten hacia Colima, pasando por el Camino Real de Santa Anita y de San Agustín. En Santa Ana Acatlán (hoy Acatlán de Juárez) fueron alcanzados por la misma gente de Landa, estando otra vez en peligro las vidas de la mejor generación de gobernantes que ha tenido nuestro país.

Finalmente llegaron a Manzanillo, donde se embarcan hasta llegar a Veracruz y expedir las Leyes de Reforma.

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