La pandemia y las reacciones en Jalisco

“El manejo de la contingnecia comenzó muy bien, todo empeoró con los abusos de las policías y la peor conclusión es que el Gobernador dejó el cuidado del coronavirus en manos de cada ciudadano”.

Gabino Garay

Comenzó bien el manejo de la pandemia en Jalisco, sí, hasta que por un extremo abuso de fuerza, unos policías municipales cometieron asesinato; después, con la todavía no deslindada actuación de policías ministeriales del Estado al cometer otra descomunal torpeza con la represión a “potenciales manifestantes”, todo lo empeoró.

Finalmente, no cabe duda de que para no correr riesgos, el gobernador Enrique Alfaro optó por advertirnos que en lo subsecuente debemos cuidarnos de la pandemia bajo nuestra cuenta y riesgo. Mala conclusión.

Es malo el escenario, pues los contagios se han disparado y las muertes también. La realidad es que la población dejada en gran parte a “su criterio”, no responde precisamente bien, hay muchos descuidos, negligencias e irresponsabilidades.

¿Qué hacemos, pues, las y los que hemos estado extremando precauciones? No nos queda más que continuar haciéndolo en todo lo posible; ahora es un asunto de persistencia y resistencia, sólo con ello la posibilidad de no sucumbir es mayor.

En otros ámbitos, parece que mucho cambiará y no necesariamente para bien. Me da la impresión de que hemos llegado a una situación que comienza a asemejarse a aquello de: “Sálvese quien pueda”; tiempos de coyuntura, tiempos recios.

Temo que la Refundación del Estado es asunto abandonado, pareciera que ahora basta seguir a flote con lo que se salve del tsunami pandémico; la nueva deuda (si es que se aprueba por la Secretaría de Hacienda) lo indica.

Están casi en puerta las elecciones del 2021 y eso también tendrá muy ocupados a todos los actores; muchos ya están más que dedicados a buscar la manera de no quedar fuera del presupuesto a costa de lo que sea, mucho menos importa ya la identidad y pertenencia ideológica; hace tiempo que eso se perdió.

Parece que la nueva realidad nos invita a ser incrédulos o muy críticos de cualquier promesa, y por otro lado a ser solidarios, empáticos y optimistas de nuestras posibilidades con el apoyo y confianza de nuestros más queridos, los que no nos deben fallar.

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