Racismo a la mexicana

Los “whitexicans” se decantan con publicaciones a favor de hechos adversos en el occidentalismo blanco, pero no es ‘chic’ preocuparse por África, Centroamérica o Sudamérica

Carlos Cham

En algunos sectores de México es muy frecuente que nos sumemos a causas justas que suceden alrededor del mundo, de la parte del planeta que queremos ver, al que nos gustaría parecernos.

Perfiles y fotos en Facebook, posicionamientos en Twiter, imágenes en Instagram siempre a favor de las personas y sociedades en Barcelona, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Canadá, España, Italia o algún otro país considerado ‘fancy’, en pro de los acontecimientos adversos en dichos territorios; en fin, el occidentalismo blanco.

Está claro que para esta sociedad no está ‘chic’ decantarse por tragedias en África, Medio Oriente, Asia, mucho menos en Sudamérica, Centroamérica (¿qué es eso?, dirían) y no se diga si esto pasa dentro de nuestro territorio nacional, dígase en Iztapalapa, Ecatepec, Chiapas, Oaxaca, en el Guadalajara de la Calzada para allá o en Tlajomulco.

Para esta parte de la sociedad mexicana, los llamados “Whitexicans”, no existen problemas en la parte morena/amarilla/negra/naranja/azul/rojadel mundo y, por supuesto del país. Lo invisibilizan porque simplemente no les importa, en su mundo, en su país, esta gente no existe y sus problemas o las injusticias -incluidas los excesos de autoridad- de los que son víctimas siempre son señaladas como si fuera su culpa:

“Seguro fue porque estaba delinquiendo”, “andaban de revoltosos”, “se lo buscaron, algo han de haber hecho”, “ese pinche naco me quiso robar”… Y son los que dicen que no existe racismo, clasismo y xenofobia en México.

Estos whitexicans no solo son los “güeritos” que, según el Proyecto Etnicidad y Raza en América Latina (Perla, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Princeton, únicamente es representado por el 4.7 por ciento de la población mexicana, pero se le suman toda aquella persona aspiracional, con aires de superioridad, presumidas de sus privilegios ya sean económicos, profesionales, educativos o forma de vestir, comer y beber y, por supuesto, debe de haber en ellos un manto de discriminación a todo aquel que no pertenezca a sus círculos sociales.

“Indios, prietos, nacos, gatos, mestizos, pobres, chairos”, son solo algunas de las palabras utilizadas para denostar a las personas que no tienen el mismo poder adquisitivo, color de piel, oportunidades de superación, etcétera.

A esto se le añade que, por lo general, se dice en un sentido de insulto y de sinónimo de flojos, drogadictos, criminales, que “son pobres porque quieren” y creen firmemente que el echeleganismo es la solución a todos los males del mundo.

Esta es la razón por la que detestan a un presidente que su gobierno esté focalizado para los que menos tienen, aborrecen que este gobierno se caracterice por apoyos y becas, abominan que en este sexenio la política sea social.

Sienten que pierden privilegios y que López Obrador quiere “quitarles su riqueza que legítimamente les pertenece”.

“Estamos en camino a ser Venezuela del Norte, La Habana continental, la URSS tropicalizada”, comentan al unísono mientras hacen caravanas en sus autos para decir #AsíNoAMLO, en un grito desesperado de su blanquitud.

Hoy los dos Méxicos se ponen de frente, los históricamente olvidados y los que, desde la Conquista, han sido favorecidos con los privilegios. Parece que ha llegado el momento de que esas brechas de desigualdad se estrechen. Es hora de tener conciencia de que sí existe racismo a la mexicana.

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