Las caras del autoritarismo

Cada vez que Trump y Alfaro entran en situaciones adversas (crisis), responden con su cara más represora y opaca

Fotografía: Fabricio Atilano

Carlos Cham

Aún en medio de las medidas sanitarias por la pandemia ocasionada por la Covid-19, llegó el momento de volver a las calles… ¡para tomarlas!

Hemos podido observar en los medios de comunicación y en redes sociales que en Estados Unidos llevan más de 10 días las jornadas de protestas a lo largo y ancho del país vecino.

En nuestra área metropolitana y en otras ciudades, como la Ciudad de México, se cumplen tres días y hoy se también se espera una movilización multitudinaria. Los motivos para hacerlo no son menores: es el hartazgo y la indignación, son completamente legítimos y están llenos de similitudes entre sí.

Por un lado, el 25 de mayo, en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, asesinaron a George Floyd, un hombre afroamericano de 46 años a manos de cuatro policías por presunta falsificación de dinero. Uno de ellos, Derek Chauvin (un oficial blanco) colocó su rodilla sobre la parte posterior de Floyd durante casi dos minutos, dejándolo sin vida a pesar de sus constantes súplicas, incluIdas sus últimas palabras: “I can’t breath” (no puedo respirar).

Posterior a la difusión por redes sociales de este terrible hecho, estallaron múltiples protestas en más de 30 ciudades en contra del sistémico racismo, xenofobia y la violación de derechos humanos que aún se vive en todo el territorio estadounidense.

Esta serie de manifestaciones ha provocado que sean visibilizadas las prácticas más detestables de los cuerpos policíacos, el oportunismo de varios políticos y el autoritarismo a ultranza del presidente Trump.

Lo podemos ver en declaraciones, en sus incendiarios tuits y en sus instrucciones para gobernadores, miembros del Partido Republicano y a la Guardia Nacional, solicitando que endurecieran las medidas de control en contra de los manifestantes.

Habla de desestabilización en contra de su gobierno, de que los manifestantes son delincuentes, saqueadores y de que son infiltrados. Mientras tanto las policías reprimen de manera violenta a miles de personas que han tomado las calles. ¿Les suena conocido?

En nuestro estado la muerte de Giovanni López, habitante de Ixtlahuacán de los Membrillos quien fue privado de su libertad y brutalmente golpeado hasta arrebatarle la vida el pasado 5 de mayo, pero la noticia salió a la luz hasta el miércoles 3 de junio. Los perpetradores del asesinato son miembros de la Policía Municipal.

La historia alrededor de este asesinato es turbia, ya que se dijo que la Policía lo detuvo por no portar su cubrebocas; sin embargo no termina por quedar claro.

Igual que en Estados Unidos, las manifestaciones no se dejaron esperar y un día después a que se difundió la noticia, ésta se dio a las afueras de Palacio de Gobierno.

Situación muy obvia para todos, al parecer menos para el Gobernador y su cuerpo de inteligencia, ya que se evidenció una ausencia de protocolos de actuación.

Así como el asesinato de Giovanni López, las historias oficiales también tienen un velo grueso de opacidad. El montaje de la rápida aprehensión de los policías que mataron a Giovanni; la movilización del jueves y los disturbios que se alcanzan a notar amañados.

La respuesta gubernamental en un performance singular; la manifestación del viernes y la manera en que miembros “encubiertos” de la Fiscalía del Estado de Jalisco realizaron “levantones” a las y los jóvenes para llevarlos a distintas zonas del AMG, dejarlos tirados y sin celular.

Los videos de Enrique Alfaro que han perdido los vasos comunicantes, contradictorios y en una postura de lavatorio de culpas personales: “Fue Morena, es a causa de AMLO, los sótanos del poder, infiltraciones por parte del crimen organizado, yo no di la orden, la Fiscalía actúa sola o por órdenes de -alguien más-, así no nos manifestamos los jaliscienses, más sótanos del poder…” y otra serie de peroratas muy a su estilo de “vengo a dar la cara”, pero a decir nada.

En este sentido, lo que queda claro es la vacuidad del Estado de Derecho con la Fiscalía realizando desapariciones forzadas “por su cuenta”, gobiernos que no gobiernan, una sociedad harta por las injusticias cotidianas y una triste lista de etcéteras.

Asimismo, también queda en evidencia que en las crisis se exaltan las maneras de conducirse de las personas y más aún de las personas en el ejercicio del poder, en los casos de Trump y de Alfaro es muy notorio que cada vez que entran en situaciones adversas, responden con su cara más autoritaria.

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