Sin olvido

Carlos Cham

Alrededor del mundo seguimos hablando, escribiendo y pensando nuestras vidas en torno a la Covid-19, sus implicaciones de confinamiento y la resistencia social e individual, la salud mental y la entrada a la “nueva normalidad” que ya está a la vuelta de la esquina.

En algunos países podemos observar que comienzan a salir de la cuarentena, ya se ve gente haciendo ejercicio al aire libre, comercios no esenciales abiertos, la vuelta a las canchas como la Bundesliga y así, de a poco, recuperamos la vida que llevábamos antes de la pandemia.

En nuestro país no terminan de estar claras las cosas. Por un lado, el Gobierno Federal tiene datos y  una estrategia distinta a los gobernadores de las 32 entidades federativas.

Fase 0, “municipios de la esperanza”, volver a la nueva normalidad de manera paulatina y diferenciada, etcétera.

En nuestro estado, después de llevar una contingencia de manera cordial, amistosa y, hasta podría decirse que en alianza entre el Gobierno de Jalisco y la Universidad de Guadalajara, se dio un encontronazo por las fechas de comienzo de esta nueva normalidad.

Mientras el primero quisiera reactivar la economía desde mañana (18 de mayo), la Universidad, con datos científicos a disposición, dice que lo mejor es hasta el primer día de junio. Unos priorizan la economía; los otros, la salud.

Sin embargo, esta discusión de cuándo es prudente volver, los dimes y diretes entre mandatarios, científicos y sociedad civil, casi nadie está reflexionando acerca de los decesos provocados por la Covid-19, “neumonías atípicas” y demás muertes relacionadas en estos tiempos pandémicos.

Al momento de escribir estas líneas, en el mundo existen más de 4.5 millones de personas infectadas y aproximadamente 308 mil muertes a causa del virus. En América Latina la mortalidad ha sido mayor que en otras latitudes debido a  enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, al tipo de alimentación y también a los sistemas de salud deficientes e insuficientes.

Hoy en México se rebasan las 5 mil defunciones y Brasil maneja cifras muy similares, sin que se informe qué se está haciendo con la conducción de los decesos. La imagen más cruda tiene nacionalidad ecuatoriana: pudimos ver en fotos y videos por redes sociales a personas fallecidas siendo incineradas en la calle.

Esta situación nos lleva a la pérdida de comunidad -algo tan significativo para los pueblos latinoamericanos-, puesto que no se permiten los funerales, lo que conlleva a un mayor temor a morir de manera solitaria sin aquellos ritos habituales. No existe sentido humano ni trato digno.

Cuando esto pase, se deberá de exigir a las autoridades las cifras y el tratamiento que se llevó a cabo con aquellos caídos en este 2020 desastroso.

Esta es una invitación a no olvidarnos de toda esta gente que no pudo tener una ceremonia digna, con sus personas más cercanas y queridas, un entierro como quizá lo previeron.

Respeto y consuelo para familiares y amigos de los fallecidos en toda Latinoamérica. No los olvidaremos.

Twitter: @SoloAquiEcuador

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