Tuberculosis, la enfermedad infecciosa más letal del mundo

Dr. José Daniel Ruiz Carrillo

Fue en el año de 1882 cuando el doctor Robert Koch descubrió la bacteria ‘Mycobacterium tuberculosis’, el bacilo que causa esta enfermedad.

La tuberculosis (TB) es la enfermedad infecciosa más letal del mundo; se estima que en el año 2018 la contrajeron 10 millones de personas, de las cuales 251 mil es posible que tuvieran VIH. En el continente americano se diagnosticaron alrededor de 289 mil casos.

¿Qué es esta enfermedad? 

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que principalmente daña los pulmones; su mecanismo de transmisión es de persona a persona a través de gotitas de aerosol suspendidas en el aire, expulsadas por sujetos con enfermedad pulmonar activa.

En personas sanas esta enfermedad no suele ocasionar síntomas debido a que el sistema inmunológico logra defenderse de la bacteria; sin embargo, entre el 10 y 15 por ciento de los pacientes puede desarrollar la enfermedad activa.

Además, existe un grupo de riesgo en el cual es mucho mayor la posibilidad de desarrollar los síntomas de esta enfermedad, entre ellos tenemos: pacientes infectados con VIH, alcohólicos, drogadictos, diabéticos, pacientes con algún tipo de cáncer y pacientes con tratamientos específicos que disminuyen el sistema inmune.

En nuestro medio existe una media en el diagnóstico de aproximadamente tres meses. El curso de la enfermedad es lento y desafortunadamente no existen signos o síntomas que sean precisos de la enfermedad.

Signos y síntomas asociados

Pérdida de peso, sudoraciones nocturnas, rechazo del alimento y fiebre. Los síntomas más específicos desarrollados en el sistema pulmonar son la tos, expectoraciones mucopurulentas (moco y pus) o sanguinolentas, vómitos con sangre, dificultad para respirar y dolor en el pecho.

El tratamiento de esta enfermedad es muy prolongado, es necesaria la ingesta de antibióticos durante al menos seis meses para lograr erradicar a la bacteria totalmente.

Existe un porcentaje de personas infectadas que no cumplen adecuadamente con el tratamiento y tienen recaídas; en otros pacientes la bacteria se hace multirresistente al tratamiento; y en otros más, los pacientes infectados desarrollan la enfermedad diseminada hacia al cerebro o hacia los huesos.

El diagnóstico de este padecimiento se realiza por medio de pruebas microbiológicas en busca de la bacteria; la muestra que se solicita al paciente es de esputo (flemas) y a través de varias tinciones se busca al bacilo causal de la enfermedad.

Las medidas de control de esta patología son diversas y comprenden la protección de la población mediante la identificación oportuna de casos probables, la atención integral y multidisciplinaria del paciente, el diagnóstico eficiente, el registro y la notificación del caso, el tratamiento oportuno y eficaz estrictamente supervisado, y el seguimiento mensual del paciente, así como el estudio de sus contactos y de su entorno familiar.

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