La ideología perdida del PAN y la izquierda

Gabino Garay

La máxima constitucional de que el pueblo de México tiene el supremo poder no deja de ser un bello ideal, y es una triste realidad comprobar que el “pueblo bueno y pobre” siempre sale perdiendo; le es muy difícil entender la política, tanto así que a muchos no les interesa.

En los primeros años, después de la Revolución, los temas políticos se arreglaban a balazos (bueno, también en la época salinista). Los cambios se dieron a punta de ejecuciones, comenzando con Madero y Pino Suárez, Carranza, Francisco R. Serrano, el mismo Obregón, Villa, Zapata, y varios más.

En 1915 se estaban formando dos caudillos culturales que impulsaron un México diferente y siempre se sostuvieron firmes: por la derecha Manuel Gómez Morín y por la izquierda Vicente Lombardo Toledano.

Ambos se caracterizaron por actuar inspirados en enseñanzas de profunda convicción moral: la búsqueda del interés general que a don Manuel le había inspirado Antonio Caso, y la justicia para los trabajadores que Lombardo tomó de la filosofía marxista.

Pronto los “cachorros de la revolución” (como denominó Lombardo a los primeros priistas) diseñaron un corporativismo brutal para los mexicanos a través del soñado, muy tardado y controlado reparto agrario, de los sindicatos y de la cooptación de cuadros surgidos de la sociedad a través de la CNOP.

Controlaron la política a través de los tres sectores: agrario, obrero y popular.

Su escuelita política omnipresente y todopoderosa acuñó máximas como: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”; “Un político pobre es un pobre político”; “En política la moral vale para pura madre”; “En política la forma es fondo”; “Ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”; “Vamos a administrar la abundancia”, “Ni los veo ni los oigo”…

Suena divertido, lo malo es que mucho de esa escuelita le fue heredado al PAN y al PRD cuando saborearon el poder en sus respectivas proporciones y relativas dimensiones.

No todo se pudrió. Al PAN todavía le queda una poderosa y prometedora marca, y a la izquierda le falta definirse dónde está y para dónde va; a las dos corrientes les falta afinar, actualizar, profundizar e identificarse firmemente otra vez con su ideología y disciplinar su acción.

Pareciera ser que de todos el PRI es el más herido; siendo el autor del mayor desastre, el gran maestro de aquella escuela y habiendo tenido la gran oportunidad de regresar, como decía el Perro Bermúdez: Otra vez “La tenía… y la dejó ir”.

Deja un comentario