¿Y el patriarcado de los pastores?

Gabino Garay

Siempre he sostenido que una de las características principales del ser humano es ser un ANIMAL MÍTICO, sobre todo de la época actual para atrás, a grado tal de que si no existiera Dios, el hombre lo inventaría, o quizá alguien diga que siempre es así.

La realidad es que no sabemos hasta cuándo y de qué formas, pero el fenómeno religioso tiene una poderosa permanencia.

Haré referencia especial a la Iglesia Católica que por siglos fue la religión oficial de imperios y reinos, incluido el español que conquistó y evangelizó estas tierras.

En la teología católica hay tres ministerios que se confieren a los que alcanzan el grado de presbíteros (los que celebran misa y escuchan en confesión); estos tres son: el servicio del altar o litúrgico, todo lo ritual, pues; el profético, que es la lectura e interpretación de la palabra de Dios; y el pastoral, que es el conducir al rebaño por los senderos del bien, hacia la salvación eterna.

De los tres, es del último, el pastoral del que me interesa comentar esta vez.

Siempre he sostenido, también, que los humanos tenemos dos instintos naturales que fácilmente administramos mal: el alimento y el sexo. Una vez tenidos los dos, aparece un tercero: el poder, que en lo mundano se traduce en GOBERNAR, y en lo eclesiástico en PASTOREAR. El hecho es que todas las iglesias tienen PASTORES.

Al respecto se dice que el Maestro de Nazareth les dijo a los futuros pastores: “Los jefes de las naciones las esclavizan y las oprimen, entre ustedes no sea así, el que quiera ser el mayor hágase el servidor de todos”.

También dijo: “Ustedes son la sal de la tierra, si se pierden se pierde todo”. Quizá por eso dicen algunos que Jesús no fundó estas iglesias e insistía que su reino no era de este mundo.

Luego, muchos pobres de espíritu (o de todo) se someten a sus pastores y los veneran como vicarios de los dioses. Ejemplos hay muchos, como cardenales vestidos de púrpura y oro, que al ser saludados presentan el anillo del poder divino para ser besado, y borrachos de poder pontifican tonterías.

Algunos buscan satisfacer sus deseos sexuales con niños y niñas, y otros o los mismos exigen el diezmo y se hacen muy ricos.

Falta recalcar que también gustan de hacer mancuernas de poder con los gobernantes laicos y realizar ostentosas fiestas en sus cumpleaños.

¿Alguien recuerda una reciente fiesta en el Palacio de Bellas Artes y las mancuernas de poder en Jalisco? Después de “El nueve nadie se mueve” falta minar el patriarcado de algunos pastores.

Quizá, por lo anterior, el gran teólogo Karl Barth dijo: “Dios es el totalmente otro”. Me parece que en esta línea va el actual obispo de Roma, el papa Francisco, que está exigiendo a los curas atender a los pacientes de coronavirus.

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