La primavera feminista. Somos tierra, semillas y rebeldía

Por Verónica Delgado

Se avecina el equinoccio de primavera en el hemisferio norte del mundo, estos aires que ha traído además de flores y colores en las ciudades una esperanzadora ola que el pasado 8 de Marzo de 2020 (Día Internacional de las Mujeres) se formó en una histórica movilización en todo el mundo, para exigir que se respeten nuestros derechos, que se erradique la violencia en contra de las mujeres de raíz y lo más importante: tomar más unidas que nunca las calles que durante muchos años no habían sido nuestras.

En la Ciudad de México se estimaron más de 80 mil personas, en países como Chile más de 2 millones de mujeres salieron a las calles en medio de un gobierno fascista represor; en Guadalajara, según cifras de la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos de Jalisco, 35 mil activistas y diferentes colectivos caminaron por las calles. 

En Tlajomulco un gran grupo de niñas y mujeres activistas, me incluyo, tomamos la Plaza Pública y entre danzantes, copal, flores y un sol que nos atestiguaba hicimos la ceremonia.

“Somos tierra semilla y rebeldía”, como lo Claudia Korol en su libro, quien es militante feminista e integrante del Colectivo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía y del Centro de Investigación y Formación de Movimientos Sociales Latinoamericanos.

Aunque en este texto nos habla sobre el territorio y el acceso que tenemos las mujeres a la tierra así como de una perspectiva histórica sobre el problema de la tierra en América Latina.

Me resuena en el corazón con la impresionante movilización que hemos vivido esta primavera en México, donde al mismo tiempo comenzó una revolución de conciencias que visibiliza desigualdades de género antes silenciadas.

Se escuchan en el espacio público y privado que las mujeres “nunca  tendrán la comodidad de nuestro silencio otra vez”. También se está sembrando una rebeldía que se apropia de las nuevas generaciones para erradicar esos micromachismos que hombres y mujeres tenemos, y que es un buen tiempo para que de una buena vez se destierre de nuestros corazones.  

Hay indignación por la pinta de monumentos, incluso muchas mujeres se pronuncian en contra de estas acciones, las llaman “vandálicas” por querer quemar y rayar alguna pared; ha causado malestar de algunas generaciones pues dicen este movimiento “no me representa”

Sin embargo quisiera pedirnos que interioricemos mujeres y hombres, que en estos momentos también estamos sanando profundas heridas que nos ha causado esta violencia de género. Reflexionemos cómo debemos abordarla desde todas nuestras trincheras.

Es la educación que comienza en casa, es cierto, pero también es rebelarnos ante una violencia sistemática que nos apabulla y nos confronta.

Somos el cambio que queremos ver y sentir en nuestras generaciones, somos también los vehículos de una energía sanadora. Sanar es un acto de amor y compasión, sanar es también un acto profundamente político. Vamos cuidándonos entre todas. 

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