Horus – Caos vial y funcionarios que no trabajan

El caos en vialidad que “afea” a toda la administración municipal

A MEDIO CAMINO

A punto se encuentra la administración municipal que encabeza el ingeniero Salvador Zamora Zamora de llegar a la mitad de su periodo constitucional de gobierno. Tiempo suficiente para hacer un primer acercamiento de evaluación de resultados y desatinos de su gestión a partir de lo que la gente o el ciudadano común nos ha manifestado.

Si bien la presente nota dista de pretender convertirse en un método científico  de evaluación propiamente dicho, sí se asume portavoz del tlajomulca, natural o avecindado, que con su voto llevó a Zamora al sitial de primera autoridad en el municipio, y con ese derecho hoy opina lo que percibe de sus autoridades.

En este orden de ideas, el 31 de mayo del 2018 Salvador Zamora, entonces candidato a presidente municipal por Movimiento Ciudadano, ante miembros de la Cámara de la Industria de la Construcción (CMIC) se comprometió a hacer de Tlajomulco una “Ciudad Modelo”, un municipio “cercano a la gente, compacto, comunicado, y equitativo”, dijo entonces.

Hasta la fecha, al menos en la cabecera municipal y su primer cuadro algunos se vive un caos vial todos los días. Toda hora es hora pico; ya bien por el excesivo tráfico  vehicular, por el mal estado en que se encuentran las calles, por la invasión de vialidades y banquetas por el comercio semifijo y ambulante, o por el pernicioso estacionamiento en que, sin control alguno, están convertidas ambas aceras de las calles.

Lo anterior, además de caos vial, produce estrés al conductor y al vía-andante al  incrementar sus tiempos de traslado, riesgos de accidentes, conatos de violencia entre conductores -no han sido pocas las escenas de golpes entre choferes de camiones de pasajeros en la calle Constitución  y conductores de vehículos o incluso peatones- por los permanentes abusos de los camioneros.

Súmese a lo anterior el desproporcionado crecimiento del comercio informal en las calles y las plazas públicas que, además de “afear” el entorno arquitectónico del pueblo, generan desperdicios sólidos no recolectados o tirados en el piso que roban la imagen de pueblo limpio y ordenado que debiera ser para considerarlo un atractivo al turismo o al visitante obligado.

Cabe recordar que la cabecera municipal, además de centro administrativo, es a la vez caja de resonancia de todo orden, y por lo tanto siempre se hablará de ella como el ejemplo de obras y servicios que la autoridad municipal presta a sus gobernados.

Mucho falta para que, al menos en materia de movilidad y rescate de espacios públicos, Tlajomulco alcance el estamento de “Ciudad Modelo”.

A Chava Zamora le hace falta tomar decisiones, despeinarse un poco y poner a más de algún servidor público en su sitio, por falta de resultados o, peor aún, por sus malos resultados.

Es tiempo de abandonar el confort del triunfo que les permite seguir explotando el bono democrático, el medio tiempo ya se les agotó y el restante es para preparar la salida, el cambio o la permanencia con la reelección, que por lo menos el ingeniero Zamora ya cantó.

Dicen los enterados que el poder desgasta y desgasta más cuando la inacción o falta de decisión se hacen evidentes. Si bien es cierto que hacer cumplir la normatividad, cumplir y hacer cumplir la ley, es un mandato jurado por quien gobierna, también es cierto que muchos gobernantes y servidores públicos, en este caso del gobierno de Tlajomulco, omiten cumplir este juramento por comodidad, por conveniencia, por corrupción o por motivos de compromisos electorales pasados o futuros, pero que al final terminan dañando toda la imagen y resultados del gobierno al que sirven y defraudando a la sociedad a la que se deben.

Por ello el Presidente debe poner orden en su equipo de trabajo y dar cumplimiento a sus promesas de campaña, como las citadas líneas arriba.

Un claro ejemplo de incumplimiento o incapacidad lo tenemos en el director de Movilidad Municipal, Salvador Rizo. Un servidor público ajeno al municipio, sin ningún tipo de vínculo o mérito aquí conocido, más allá de ser amigo y recomendado del senador Clemente Castañeda.

Lo anterior viene a colación porque el joven Rizo, a principio de noviembre del año anterior, en entrevista concedida al periódico La Verdad dijo que preparaba un reglamento municipal de tránsito con el objetivo de controlar el caos vial y contener la anarquía de motocicletas, vehículos y camiones.

Documento del que hasta la fecha no se conoce su existencia, ni siquiera un borrador de la iniciativa que muestre voluntad, por lo menos de su parte, que tiene verdaderas intenciones de hacer algo a su paso por este municipio, al que debe prestancia y cumplimiento a la vez que congruencia entre su declaración los hechos.

ACTIVISTAS O GOBERNANTES

Gente que mueve gente. Es por su naturaleza la acepción que mejor define al activista político. Activistas los hay en todos los partidos y organizaciones políticas, son los responsables de llenar mítines, engrosar marchas y manifestaciones, de “llevar gente” a los eventos y, por supuesto, de movilizar al votante el día de las elecciones o consultas; por lo tanto su papel cobra relevancia el períodos electorales.

A tal grado llega el ego de estos personajes que muchos de ellos se atribuyen el triunfo de los candidatos a los que han servido en una elección; lo cual no es del todo cierto, pero sí llegan a jugar un rol importante en un esquema de campaña o la construcción de una candidatura.

Por supuesto, no es lo mismo un activista consumado que un activista converso a gobernante, proclive ahí a la decisión coyuntural facciosa y refractario a la aplicación de la norma para no desgastarse con “su” gente o su gremio. Así no se puede ser gobierno eficiente, honesto, institucional y comprometido.

Dicen los enterados que el fuerte diferendo entre el presidente Zamora y Luis Vidrio, líder de activistas a quien como pago a sus servicios en campaña, le dieron posiciones estratégicas en la estructura administrativa del gobierno municipal en las que colocó a “su gente” (por supuesto también activistas), quienes una vez tomaron protesta de sus encargos, también tomaron sus hamacas y soslayaron su juramento de cumplir y hacer cumplir la ley que los obliga a ser eficientes y a dar resultados.

Obligado por esta circunstancia y, ante los nulos resultados o incapacidad mostrada por los activistas de Vidrio conversos a gobernantes, el presidente Zamora decidió meter en cintura a los ineficientes y empezar con cambios para reactivar su obligación de titular del ejecutivo municipal a costa de sacudirse  a los que solo activistas debieron ser.

Buena tarea le resta al Alcalde a la mitad de su administración, no le debe temblar la mano para implementar y ejecutar los cambios de fondo que le permitan a su gobierno significarse por el cumplimiento de su palabra empeñada, trascender por sus acciones de gobierno tangibles y visibles por el ciudadano común, que advierta en la calle y a las puertas de su casa la presencia y accionar del gobierno más cercano al pueblo, el gobierno municipal.        

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