Temachtiani – Asesinatos que conmocionaron a Cajititlán

Por Vicente García Tejeda

En todos los pueblos de la redonda sucedieron hechos, sucesos que cimbraron a la comunidad, alterando el estado de cosas; más aún otros acontecimientos, que son descripciones de lo que se ha vivido en ellas, escenarios cotidianos de la forma de vida, costumbres, tradiciones o cosas que validan la importancia de un pueblo.

Cajititlán es una subregión que abarca la ribera de la laguna que lleva su nombre, es uno de ellos y, en esta ocasión, escribiré ciertos casos que dieron de qué hablar en su momento.

Era un día, como todos, apacible, pero sucedieron casos que alteraron la vida del pueblo:

21 de junio de la década de los años 50. Pancho Tadeo, apodado “El Marro”, fue arteramente herido por la mañana; sin atención médica, murió más tarde.

Ese mismo día don Heliodoro García Tadeo, al que llamaban Güero, y su hijo Paulino fueron tiroteados por unos individuos. Uno de ellos, cuyo mote era “El Gusano”, vecino de La Calera, junto con Pancho Vázquez y otro conocido por el 7 Calas, por rencillas que tenían. 

Por cierto, era cumpleaños de Paulino. Fue un día aciago: tres muertes que dejaron luto y tristeza a sus familiares, y al pueblo ensombrecido en la fatalidad.

Otro episodio que también conmocionó a la población fue el crimen de José Sotelo, en plenas fiestas patrias allá por los años 70. Cuando se iniciaba la programación del tradicional grito se escuchó una descarga de pistola, y en unos momentos se generalizó la tragedia y la noticia corrió como pólvora.

Horas más tarde la Policía pretendió detener a Rogaciano Portillo Romero, que fue culpado por error del artero homicidio, pero la oportuna y valiente intervención del padre de Lázaro Ramos, don Tiburcio Ramos, impidió que fuera aprehendido ya que el culpable era Aureliano Ramos.

Mucho se habló de este suceso, pero en el embebecimiento de las festividades patrias, de momento se disipó el acontecimiento. Don José Sotelo dejó huérfanos a sus hijos José y Emiliano.

Muchos años atrás, en la década de los 50, tuvo lugar la muerte del “Charrascas” Jesús Tejeda Díaz, mi abuelo. Fue abatido por sus contrarios, ya que el encabezó en un tiempo La Acordada, que es un antecedente de la Policía Rural. Combatían a los malhechores en esas épocas, y  fue Bernardo Ramírez, su yerno, quien abatió a uno de los que lo atacaron.

Como estos asesinatos se han dado otros, y las víctimas fueron personas más cerca del bien que del mal, pero que por diversos motivos fueron violentadas y perdieron la vida, manchando y opacando  la tranquilidad de sus familias.

En otra ocasión, les narraremos otros acontecimientos menos violentos y que dan lustre a la población y sus habitantes.

“La paciencia y el tiempo hace más que la fuerza y la violencia”.- Jean de la Fontaine

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