El Tlajomulco del año 1689

Mtro. Octavio Guevara Rubio

Durante un tiempo, estimado lector, le he hablado sobre la evolución en el territorio de la jurisdicción de Tlajomulco.

Hace tiempo publiqué sobre el Tlajomulco, colonial a partir de un padrón de feligreses fechado en 1689. Es conveniente retomar esas líneas.

Uno de los padrones más antiguos se encuentra en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, fechado el 6 de mayo de 1689 y elaborado por mandato del obispo de Guadalajara Juan de Santiago de León Garabito. Así, fray Francisco Barrena levantó el citado padrón, en el que asentó, entre otras cosas, número de pilas bautismales, distancia de las poblaciones con respecto a la cabecera, cofradías, descripción del terreno y la enseñanza a los naturales de la jurisdicción.

La parroquia de San Antonio de Padua Tlajomulco contaba con 2 mil 112 indios, 175 españoles y castas (mestizos, mulatos esclavos y libres, etcétera), arrojando un total de 2 mil 287 individuos.

La atención espiritual provenía bajo el cargo de ‘‘la Provincia Santa de Xalisco del Sagrado Orden de Nuestro Seráfico P. San Francisco’’ y la Parroquia de Tlajomulco era sede de esta Doctrina.

Se atendía a los pueblos de San Sebastián el Grande, Santa Ana Tistac (Santa Anita), Cuyutlán, Santa Cruz, San Agustín, San Lucas Evangelista, San Juan Evangelista y Cajititlán.

Curioso es que, para entonces, Cuexcomatitlán no era reconocido como un pueblo de indios, sino como barrio, en el que se registraron cuatro familias. Había las “labores” (concepto a veces confundido con “hacienda”) de los Padres de San Agustín y los de San Juan de Dios; las de Bartolomé de Robles, Pedro de Robles, Juana de Angulo viuda de Robles, los herederos de D. Diego de Robles y la de Alonso Vidal.

Existían tres pilas bautismales, nueve iglesias y sus respectivas fiestas de patrones y titulares, ocho hospitales, más nueve fiestas de la Virgen.

En Tlajomulco cabecera había tres cofradías: Santísimo Sacramento, La Concepción y de las Ánimas del Purgatorio; y festejaban a los titulares de los cuatro barrios. Dichas fiestas se celebraban “cantadas, [con] procesión, misa cantada con toda solemnidad, con diácono y subdiácono”, y al siguiente día se celebraban matrimonios y bautismos.

Era un Tlajomulco en el que el castellano era poco hablado, en comparación con el predominante náhuatl.

También era notable el contraste en la sociedad, pues sobre los propietarios de haciendas o labores se dijo: “Cogen los labradores españoles mucho trigo, maíz, frijol y otras semillas; tienen cría de ganado mayor y menor, de mulas, caballos, yeguas, de que algunos están muy acaudalados y pasan mucha abundancia y decencia los dueños y sus familias”.

Este padrón fue más allá de decirnos el número de pueblos y de habitantes: nos habla de una sociedad donde convivían muchas etnias con sus respectivos usos y costumbres.

La mayor parte de esas poblaciones aún existen, incluyendo las haciendas cuyos propietarios se mencionan. Una de esas cofradías mencionadas, la de la Purísima Concepción, continúa resguardando la vida tradicional de un Tlajomulco añejo y de calidad.

Deja un comentario