Partidos políticos en crisis

Gabino Garay

El Instituto Nacional Electoral (INE) ha publicado hace tres días que el padrón de militantes de todos los partidos, especialmente de los más grandes, ha disminuido casi un 70 por ciento en un año.

Para ser más precisos, el del PRI se redujo casi un 76 por ciento; el del PRD un 75 por ciento; el del Verde, de MC, y del PT están empatados en un 51 por ciento. El PAN, casi 38 por ciento; y Morena, el que menos, poco más de 12 por ciento.

Esto significa que los que tienen menos bajas son Morena y el PAN, es decir, son los que estarán dando más batalla, pues también en la percepción de la gente son los menos malos.

En líneas generales, parece claro que la corrupción le ha pegado al PRI como una muy pesada carga que lo identifica y que, quizá, ahora sí le resulte muy difícil levantarse.

Al PRD la voracidad de sus liderazgos internos le ha pegado tan fuerte que le hace imposible conciliar intereses, lo exhibe claramente con una debilidad imposible de remontar.

Los otros tres, empatados en 51 por ciento, parece ser que no se desprenderán de los estigmas de oportunistas, pragmáticos y comparsas, cuyos intereses no están en armonía con la simpatía de los ciudadanos y seguirán siendo satélites útiles de ocasión.

Morena y el PAN son dos casos interesantes en el juego político actual. Al primero lo afecta el desgaste natural de tener el poder, pues las exigencias son muchas y serias pero no está mostrando la cohesión necesaria para conservar la simpatía.

El pleito interno entre Yeidckol y Bertha Luján, por un lado, le está restando credibilidad; por otro, la descarada ambición de algunos también lo mina, es el caso de lo que ha manifestado el mismo Porfirio Muñoz Ledo: “Yo veo en algunos sectores de Morena alguna tendencia un poco obsesiva de nombrar a los consejeros (del INE); lo oí en varios compañeros, esto es un error histórico y una tontería política porque nada conviene a la Cuarta Transformación”.

En el otro frente, el PAN está como la Iglesia Católica a la que no la acaban de doblar sus problemas de pederastia. La manifiesta voracidad de Ricardo Anaya que “agandalló” la candidatura y marginó a Margarita ha debilitado mucho al partido, pero en el fondo lo que más lo desgasta es la mediocridad de sus liderazgos y su falta de identidad, como ha dicho Juan José Rodríguez Prats: Lo ha dañado mucho “el condescender con la deshonestidad”.

Como bien lo apuntó alguna ocasión Germán Martínez, “el PAN está enfermo pero no desahuciado; le falta recuperar valentía y vocación libertaria, identidad de futuro y compromiso de modernidad”.

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