Gobernar no es fácil, trascender es más difícil

Gabino Garay

Es muy común encontrar personas que tienen grandes deseos de desempeñar algún cargo público por elección; si fuera posible ser el titular de la más importante oficina.

En los usos y costumbres o forma cultural, encontramos las más raras motivaciones: que se es conocido por mucha gente, que es el líder de un grupo o patriarca de una gran familia, o “que ya le toca” en su partido.

Hasta se fantasea con tener suficientes capacidades para desempeñar el cargo al que se aspira. Generalmente son motivaciones egoístas y nada o muy poco tiene que ver con capacidades reales para tal desempeño.

En realidad el problema más grave es que ni el que sueña con ser muy capaz ni en un momento dado los que creen que lo es, tienen noción de las cosas.

Vivimos, así, en un permanente movimiento cíclico de errores en el servicio público. No hay buena cultura democrática.

Los mismos creadores de partidos casi siempre tienen afanes patrimonialistas, caciquiles y deseo de poder.

Es muy frecuente también que los mismos líderes estatales de partidos no tienen capacidad mínima como dirigentes; y menos la tienen muchos líderes municipales.

Siendo de interés público todo lo comentado en estas líneas y dado que supuestamente lo que más nos interesa a todos es el bienestar de nuestras familias, lo primero que deberíamos asegurar y garantizar en nuestros diferentes espacios de participación política sería elegir a las personas capaces de tomar las mejores decisiones de bienestar general.

Decía un político panista del siglo pasado en una asamblea general: “Lo que importa aquí es decidir qué política debe hacerse, y por quiénes”.

En varias ponencias he manifestado que en el ámbito de la imputación delictiva debe respetarse mucho el principio de presunción de inocencia; pero tratándose de cargos públicos casi ese principio debería presumirse al revés, es decir: “Todo político es corrupto, salvo que demuestre lo contrario”.

En este tenor recuerdo las palabras de don Flavio Romero de Velasco (exgobernador de Jalisco), al decir: “Hasta un hombre sabio corre el riesgo de volverse loco con un ejercicio gubernamental”.

En ese orden de ideas, ligo el tema con el comentario que hice hace ocho días: a nivel nacional hace falta un fuerte sistema de contrapesos para evitar errores. Hace falta pues tener diputados y senadores con capacidad y autoridad moral; juzgadores incorruptibles y con profundo sentido de justicia; organismos autónomos reales como el INE, la CNDH las contralorías, los institutos de transparencia.

Lo que está pasando a nivel nacional con la TERRIBLE propuesta de reformas constitucionales y legales, y al debilitarlos organismos autónomos como el INE y la CNDH, tiene que ver con la falta de buen entendimiento de lo anteriormente dicho.

Pero por lo pronto cuidemos, apoyemos y exijamos a nuestros regidores y regidoras; también a nuestros dirigentes estatales y municipales de partidos. Por allí empieza el progreso o la debacle.

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