Libre determinación de los pueblos indígenas, es la solución ante el capitalismo: Fortino Domínguez

Es indígena zoque de Chapultenango (Chiapas), migrante en Guadalajara, miembro del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), organización de pueblos que postuló a su vocera, María de Jesús Patricio, como candidata independiente a la Presidencia de la República.

Texto Votán

En los últimos 26 años la guerra de despojo hacia los pueblos indígenas ha crecido. Las instituciones formadas por el Estado Mexicano han servido sólo de retención a las demandas reales que exigen los pueblos originarios sobre la libre determinación de sus derechos.

“Ante la actual crisis civilizadora en el mundo, América Latina y México, son los pueblos indígenas quienes proponen y construyen alternativas, resistiendo a las políticas neoliberales impuestas por intereses económicos, poderes fácticos coludidos con los gobiernos”, expone Fortino Domínguez, indígena zoque y miembro del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), organización que aglutina los pueblos originarios en lucha por la libre determinación sobre sus comunidades.

Los zoques es un pueblo indígena originario de entidades del sureste mexicano, se asientan principalmente en el norte de Chiapas, sureste de Tabasco, sur de Veracruz y en el noreste de Oaxaca, con una población superior a los 58 mil 630 personas, según datos del Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). Estudios recientes vinculan a los zoques, como el pueblo descendiente de los olmecas, primera civilización asentada en el continente americano hace más de 2 mil 500 años, específicamente en Tabasco.

En abril de 1982 una fuerte explosión conmovió al estado de Chiapas, en su zona norte, se trató del volcán Chichonal, el cual rodeaba a diversas comunidades y municipios con alta población indígena. En esos pueblos se encuentra Chapultenango, el cual quedó en ruinas por el suceso volcánico. Sus habitantes salieron huyendo de su comunidad, algunos se refugiaron en otros municipios de Chiapas o el vecino Oaxaca, pero otros llegaron a Puebla, México y Jalisco a empezar una nueva vida.

La familia Domínguez Rueda (conformada por madre, padre y dos hijos) apoyados por una organización religiosa, encontró en Guadalajara su nueva casa; ahí llegó Fortino de apenas un par de años, como migrante indígena en su propio país.

Años posteriores en Chiapas, el primero de enero de 1994 un grupo de mujeres y hombres indígenas, zoques como él, se levantaron en armas contra el gobierno, bajo el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), suceso que a la distancia marcó y contribuyó a la formación académica y profesional que hoy tiene Fortino.

Han transcurrido 24 años del alzamiento zapatista y 25 de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú, lo que marcó un parteaguas internacional en el reconocimiento a los derechos de los pueblos indígenas. Dos décadas y media después de estos hechos, Fortino Domínguez Rueda recapitula sobre los avances y contras que se han dado hacia los pueblos originarios.

“En estos 25 años hemos sido testigos de cómo la voz indígena volvió a tener un peso significativo en el espacio de lo público y ahora ha posibilitado hablar de varios temas, como el despojo, racismos, temas que antes no estaban en la agenda. Pero el Estado mexicano sólo prioriza el debate, a discutir el tema indígena, los derechos culturales. Eso quiere decir, que se cree que los pueblos deben pedir derecho para hablar su lengua, vestirse sus trajes o cultura. Lo que nosotros queremos pedirle al Estado, es que reconozca en los pueblos, lo primero, que es el libre ejercicio de su autonomía y en específico reconozca la jurisdicción sobre los territorios de los pueblos indígenas”, enfatizó.

“En el caso específico de mi pueblo en Chapultenango, Chiapas, encontraron un corredor petrolero, conformado por 12 pozos, que afecta a 84 mil 500 hectáreas. Sabemos que en algún momento el Estado lo piensa vender, ya estuvo licitando ese corredor petrolero, pero gracias a la defensa del pueblo se logró parar esa licitación, aunque el proyecto sigue”, citó como ejemplo.

Domínguez Rueda es profesor en la Facultad de Antropología de la Universidad de Guadalajara, desde donde realiza investigaciones sobre migración, diáspora y racismo; como especialista en esos temas, subrayó que la discriminación por sus rasgos físicos hacia los indígenas sigue presente en amplios estratos de la sociedad mexicana.

“En qué sentido se han reactivado estos procesos de discriminación y racismo, los indígenas al migrar a la ciudad cambia el contexto de relación con el mestizo, pero lo que no cambia, es una visión negativa sobre lo que se tiene sobre el indígena en este país. Cuando se burlan del indígena en sociedad, cuando no se le da trabajo por tener un color de piel distinto, entre otros casos. En la ciudad vemos cómo el racismo estructural sigue operando en ese sentido, porque gran parte de la sociedad indígena que fue desplazada a las ciudades, actualmente no tiene las condiciones ideales para acceder a la educación o servicios básicos. Por eso nos hemos dado cuenta que el migrante indígena o desplazado indígena, tiene muchos elementos de conexión, con las mismas dificultades que los migrantes mestizos de la ciudad”, señaló.

Censos recientes y estudios actuales de investigadores en la materia, han documentado que el 60 por ciento de los indígenas de México viven ahora en las ciudades, fuera de su contexto rural, lo que genera un nuevo proceso de dimensión en materia de migración y racismo.

Con este panorama para los pueblos indígenas de México, el indígena zoque miembro del CIG propone que la esperanza para un nuevo alba en estas poblaciones es dejar de pensar que el Estado Mexicano es la solución, en ese esquema capitalista; puesto que la solución está en la autonomía indígena ejercida desde los hechos, la cual es la clave para su desarrollo. Y el ejemplo del EZLN es el mejor faro de luz para alcanzar y erradicar al sistema capitalista en las comunidades.

“En ese sentido creemos que el movimiento indígena, más allá de la coyuntura electoral del 2018, nuestro movimiento va a seguir, con un movimiento de abajo, con la gente, en asambleas, reuniones ejidales, es ahí donde se está construyendo una agenda con dolores y problemas de la gente de la ciudad, porque sabemos que la iniciativa de la autonomía debe permear más allá del ámbito comunitario, ese es un gran reto que tenemos como mexicanos y como sociedad mundial, dicho mejor forma, como humanidad”, concluyó.

Recordó que al pasar de esos años, contrario al discurso oficial del Estado Mexicano, ha crecido la guerra de despojo hacia los territorios de los pueblos originarios, en donde grandes compañías mineras internacionales, coludidos con los gobiernos y otros poderes fácticos, invierten en proyectos de extracción de recursos naturales, privatización del agua, tala de árboles; una embestida superior a la de hace 500 años, cuando fue la conquista española de México.

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