¿SIN DERECHO Y SIN MORAL?

Gabino Garay


Hace una semana comenté a bote pronto que el caso de García Luna me parecía complejo y tenebroso; lo primero, porque la detención no coincidía con el trato recibido en Estados Unidos, con trámite de ciudadanía incluido, y por la relación e información compartida a niveles importantes sobre temas de seguridad e inteligencia policial por muchos años. Lo tenebroso, porque es sabido que los gringos no tienen amigos, sino intereses, y juegan de lo más rudo y al acecho, con tal de tener ventajas a costa de lo que sea.

Pero del lado mexicano lo complejo y tenebroso se vuelve contradictorio, temerario, irresponsable y asombrosamente tolerado, y hasta aplaudido por el aturdido “pueblo bueno”.

Temerario fue el pronunciamiento de Alfonso Durazo (al condenar a García Luna sin juicio previo y sin ser su competencia) que tal parece, esperaba con ansia algo así para “lavar” su ineptitud.

Contradictorio porque el mismo presidente primero quería despedir a todos los que tuvieran alguna relación con García Luna y después dice que siempre no. Seguramente le advirtieron de las consecuencias.

Irresponsable porque se mueven por ocurrencias viscerales con mucha pasión y enseguida les dan para atrás.

Tolerado porque es evidente que el grupo de aduladores de la 4T es escandalosamente fanático y eso no es más que pobreza y debilidad contagiosas.

EN LO MORAL me preocupa la ambigüedad, frivolidad y ligereza de nuestras expresiones y la banalidad de los valores.

Considero que una cosa es lo respetable de la preferencia sexual de toda persona y lo tolerable de algunas expresiones, digamos “unisex”; y otra muy diferente es la apología (alabanza) del homosexualismo, travestismo, ideología de género, machismo y feminismo, a veces disfrazado de “arte”.

Me ha dejado pensativo lo que dijo el gran artista Armando Manzanero respecto de la pintura de Zapata exhibida en el Palacio de Bellas Artes; a él le parece preferible una pintura de Zapata con exceso de atributos viriles que con tacones femeninos.

Por mi parte, considero que Zapata es un ícono nacional de la lucha agraria, que merece mucho respeto como tal.

Podría alguien no creer en la Virgen de Guadalupe, pero ningún derecho tendría a pronunciarse con desparpajo o irreverencia de un símbolo religioso muy venerado por el pueblo. Y menos alterarlo o mancillarlo como algunos ya lo han hecho con pretextos pseudoartísticos.

Se busca advertir lo dañino del cigarro; castigar el maltrato animal;  también silenciar los narcocorridos para evitar la apología del delito, y en el arte a algunos les parece muy bello lo que denigra, ofende,  no agrada a los sentidos y sí despierta bajezas.

Deja un comentario